Comprometidos con la promoción de la cultura de la Vida, el Servicio a la Vida es un espacio evangelizador, desde el cual anunciamos, celebramos y sirvimos al Evangelio de la Vida. Como respuesta a los signos de los tiempos El rápido y continuo devenir de la investigación científica y tecnológica y su impacto sobre la vida humana constituyen una realidad de nuestro tiempo. No todas las adquisiciones técnológicas están puestas al servicio del hombre, ya que muchas veces el progreso científico se realiza sin la orientación de una reflexión ética que permita distinguir lo que responde a la verdad sobre el hombre y su dignidad de aquello que lo degrada en su naturaleza, lo bueno de lo malo. Es así que con las perspectivas que abre este desarrollo surgen nuevas formas de agresión contra la dignidad del ser humano, y a su vez, se va delineando y consolidando una nueva y preocupante situación cultural, ya que amplios sectores de la opinión pública justifican estos atentados en nombre de los derechos de la libertad individual, llegando incluso a pretender su autorización por parte del Estado (cf. Juan Pablo II, Evangelium Vitae, 4). Como sostiene el mismo Santo Padre nos encontramos en medio de una gran confrontación entre la "cultura de la vida" y la "cultura de la muerte". Nos enseña Juan Pablo II que cada persona, precisamente en virtud del misterio del Verbo de Dios hecho carne, es confiada a la solicitud materna de la Iglesia. Por eso, toda amenaza a la dignidad y a la vida del hombre repercute en el corazón mismo de la Iglesia, afecta al núcleo de su fe en la encarnación redentora del Hijo de Dios, la compromete en su misión de anunciar el Evangelio de la vida por todo el mundo y a cada criatura (EV, 3). Como respuesta a los signos de los tiempos El rápido y continuo devenir de la investigación científica y tecnológica y su impacto sobre la vida humana constituyen una realidad de nuestro tiempo. No todas las adquisiciones técnológicas están puestas al servicio del hombre, ya que muchas veces el progreso científico se realiza sin la orientación de una reflexión ética que permita distinguir lo que responde a la verdad sobre el hombre y su dignidad de aquello que lo degrada en su naturaleza, lo bueno de lo malo. Es así que con las perspectivas que abre este desarrollo surgen nuevas formas de agresión contra la dignidad del ser humano, y a su vez, se va delineando y consolidando una nueva y preocupante situación cultural, ya que amplios sectores de la opinión pública justifican estos atentados en nombre de los derechos de la libertad individual, llegando incluso a pretender su autorización por parte del Estado (cf. Juan Pablo II, Evangelium Vitae, 4). Como sostiene el mismo Santo Padre nos encontramos en medio de una gran confrontación entre la "cultura de la vida" y la "cultura de la muerte". Nos enseña Juan Pablo II que cada persona, precisamente en virtud del misterio del Verbo de Dios hecho carne, es confiada a la solicitud materna de la Iglesia. Por eso, toda amenaza a la dignidad y a la vida del hombre repercute en el corazón mismo de la Iglesia, afecta al núcleo de su fe en la encarnación redentora del Hijo de Dios, la compromete en su misión de anunciar el Evangelio de la vida por todo el mundo y a cada criatura (EV, 3). El SEVI comprende:
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