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GACETILLA Nro. 282/09

BIOÉTICA: ENCÍCLICA “CARITAS IN VERITATE” PROPONE RESPUESTAS A LOS DESAFÍOS BIOTECNOLÓGICOS

Buenos Aires, 12/07/09 (SEVI).- La cuestión biotecnológica se presenta como un tema de central importancia entre las cuestiones sociales en la nueva encíclica de Benedicto XVI Caritas in Veritate.

En efecto, el capítulo 6 está dedicado al tema del desarrollo de los pueblos y la técnica. Allí, el Papa reconoce la centralidad de la biotecnología para el desarrollo: “El problema del desarrollo en la actualidad está estrechamente unido al progreso tecnológico y a sus aplicaciones deslumbrantes en campo biológico” (n. 69).

La propuesta del Papa es coherente con todo el documento y se resume en afirmar que el desarrollo humano para que sea auténtico no puede ser puramente técnico sino que encierra una dimensión espiritual y debe ser orientado desde la fuerza de la caridad en la verdad.

Entre las notas salientes de la propuesta del Papa podemos señalar:

a) El rostro ambiguo de la técnica: Luego de sostener que “...la técnica nunca es sólo técnica”, el Papa recalca que la misma “manifiesta quién es el hombre y cuáles son sus aspiraciones de desarrollo, expresa la tensión del ánimo humano hacia la superación gradual de ciertos condicionamientos materiales” (n. 69). Por eso, para el Santo Padre la técnica tiene un “rostro ambiguo”: “Nacida de la creatividad humana como instrumento de la libertad de la persona, puede entenderse como elemento de una libertad absoluta, que desea prescindir de los límites inherentes a las cosas” (n. 70).

b) La importancia de la bioética: El n. 74 está especialmente dedicado a la bioética. Dice el Papa: “En la actualidad, la bioética es un campo prioritario y crucial en la lucha cultural entre el absolutismo de la técnica y la responsabilidad moral, y en el que está en juego la posibilidad de un desarrollo humano e integral. Éste es un ámbito muy delicado y decisivo, donde se plantea con toda su fuerza dramática la cuestión fundamental: si el hombre es un producto de sí mismo o si depende de Dios”.

c) Bioética, razón y trascendencia: Al continuar su propuesta para la bioética, en el n. 74 Benedicto XVI señala la decisiva importancia de una racionalidad abierta a la trascendencia: “Los descubrimientos científicos en este campo y las posibilidades de una intervención técnica han crecido tanto que parecen imponer la elección entre estos dos tipos de razón: una razón abierta a la trascendencia o una razón encerrada en la inmanencia... la cerrazón a la trascendencia tropieza con la dificultad de pensar cómo es posible que de la nada haya surgido el ser y de la casualidad la inteligencia” (n. 74). Esta relación con la trascendencia supone una relación entre razón y fe: “Ante estos problemas tan dramáticos, razón y fe se ayudan mutuamente. Sólo juntas salvarán al hombre. Atraída por el puro quehacer técnico, la razón sin la fe se ve avocada a perderse en la ilusión de su propia omnipotencia. La fe sin la razón corre el riesgo de alejarse de la vida concreta de las personas” (n. 74).

d) La cuestión antropológica y la manipulación de la vida: Ante los desafíos planteados por la técnica, el Papa señala con claridad que “...hoy es preciso afirmar que la cuestión social se ha convertido radicalmente en una cuestión antropológica, en el sentido de que implica no sólo el modo mismo de concebir, sino también de manipular la vida, cada día más expuesta por la biotecnología a la intervención del hombre” (n. 75).

e) La amenaza de la “cultura de la muerte”: En este sentido, el Papa es muy explícito en denunciar lo que considera casos en que la vida es manipulada por la técnica, que se vuelve contra el mismo hombre: “La fecundación in vitro, la investigación con embriones, la posibilidad de la clonación y de la hibridación humana nacen y se promueven en la cultura actual del desencanto total, que cree haber desvelado cualquier misterio, puesto que se ha llegado ya a la raíz de la vida. Es aquí donde el absolutismo de la técnica encuentra su máxima expresión... no han de minimizarse los escenarios inquietantes para el futuro del hombre, ni los nuevos y potentes instrumentos que la «cultura de la muerte» tiene a su disposición. A la plaga difusa, trágica, del aborto, podría añadirse en el futuro, aunque ya subrepticiamente in nuce, una sistemática planificación eugenésica de los nacimientos. Por otro lado, se va abriendo paso una mens eutanasica, manifestación no menos abusiva del dominio sobre la vida, que en ciertas condiciones ya no se considera digna de ser vivida” (n. 75).

f) Dignidad, cultura y desarrollo: Finalmente, Benedicto XVI señala que el problema de fondo es la negación de la dignidad humana, negación que tiene profundas consecuencias culturales que inciden en el desarrollo: “Detrás de estos escenarios hay planteamientos culturales que niegan la dignidad humana. A su vez, estas prácticas fomentan una concepción materialista y mecanicista de la vida humana. ¿Quién puede calcular los efectos negativos sobre el desarrollo de esta mentalidad? ¿Cómo podemos extrañarnos de la indiferencia ante tantas situaciones humanas degradantes, si la indiferencia caracteriza nuestra actitud ante lo que es humano y lo que no lo es? Sorprende la selección arbitraria de aquello que hoy se propone como digno de respeto. Muchos, dispuestos a escandalizarse por cosas secundarias, parecen tolerar injusticias inauditas. Mientras los pobres del mundo siguen llamando a la puerta de la opulencia, el mundo rico corre el riesgo de no escuchar ya estos golpes a su puerta, debido a una conciencia incapaz de reconocer lo humano. Dios revela el hombre al hombre; la razón y la fe colaboran a la hora de mostrarle el bien, con tal que lo quiera ver; la ley natural, en la que brilla la Razón creadora, indica la grandeza del hombre, pero también su miseria, cuando desconoce el reclamo de la verdad moral” (n. 75).

g) La técnica orientada por la caridad en la verdad: En definitiva, para el Papa el peligro que se presenta ante el notable desarrollo técnico es que “...el absolutismo de la técnica tiende a producir una incapacidad de percibir todo aquello que no se explica con la pura materia” (n. 77). Ante esta realidad, el Papa señala que “conocer no es sólo un acto material, porque lo conocido esconde siempre algo que va más allá del dato empírico”. Así, para el Papa, “...todo conocimiento, hasta el más simple, es siempre un pequeño prodigio, porque nunca se explica completamente con los elementos materiales que empleamos” (n. 77). Ante esta realidad, la gran propuesta de Benedicto XVI es orientar el desarrollo a partir de la caridad en la verdad:

“Para ello [que el desarrollo sea auténtico] se necesitan unos ojos nuevos y un corazón nuevo, que superen la visión materialista de los acontecimientos humanos y que vislumbren en el desarrollo ese «algo más» que la técnica no puede ofrecer. Por este camino se podrá conseguir aquel desarrollo humano e integral, cuyo criterio orientador se halla en la fuerza impulsora de la caridad en la verdad” (n. 77).


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