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SALUD REPRODUCTIVA: BENEDICTO XVI RATIFICA PLENA VIGENCIA DE ENCÍCLICA “HUMANAE VITAE”

Buenos Aires, 18/5/08 (SEVI).- En el marco de un Congreso Internacional organizado por la Pontificia Universidad Lateranense con motivo del 40° Aniversario de la Encíclica “Humanae Vitae”, el Papa Benedicto XVI reafirmó su plena vigencia, profundizó sus enseñanzas e invitó a hacer lo posible para que “llegue a todos la verdad genuina del amor conyugal responsable en la plena adhesión a la ley  inscrita en el corazón de cada persona”.

Con fundamento en las enseñanzas de Jesús, en la ley natural y en la Tradición de la Iglesia, y analizando sus dimensiones teológicas, antropológicas, familiares, educativas y sociales, el Papa recordó que “la verdad expresada en la Humanae vitae no cambia; más aún, precisamente a la luz de los nuevos descubrimientos científicos, su doctrina se hace más actual e impulsa a reflexionar sobre el valor intrínseco que posee”.

Antecedentes del Documento: En 1968, Pablo VI publicaba este documento sobre el delicado tema de la regulación de la natalidad, sentando las bases para un juicio moral sobre los problemas éticos que plantea la anticoncepción. Como recuerda Benedicto XVI, esta encíclica reconoce como antecedente la invitación que el Concilio Vaticano II, en la constitución Gaudium et spes, había formulado a los hombres de ciencia “para alcanzar la unidad del saber y una certeza consolidada acerca de las condiciones que pueden favorecer ‘una honesta ordenación de la procreación humana’ (n. 52)”.

Reafirmación de su vigencia: Para Benedicto XVI, cuarenta años después de su publicación, la doctrina de la Humanae Vitae “no sólo sigue manifestando su verdad; también revela la clarividencia con la que se afrontó el problema”.  El Papa reconoce que esta doctrina “no es fácil”. “Sin embargo,  -continúa el Santo Padre- es conforme a la estructura fundamental mediante la cual la vida siempre ha sido transmitida desde la creación del mundo, respetando la naturaleza y de acuerdo con sus exigencias”. El Papa reconoce que este texto es el fruto de una “decisión sufrida” y que ha sido “a menudo mal entendido y tergiversado”, y enfatiza que  “constituye un significativo gesto de valentía al reafirmar la continuidad de la doctrina y de la tradición de la Iglesia”.

El amor conyugal, en la unidad de cuerpo y alma: En su discurso, Benedicto XVI profundizó las implicancias del verdadero amor conyugal, entre las que se encuentra “la unidad de la persona y la total participación de los esposos que, en la acogida recíproca, se entregan a sí mismos en una promesa de amor fiel y exclusivo que brota de una genuina opción de libertad”, citando también el abordaje del tema que hizo en su propia encíclica Deus Caritas est.

Anticoncepción y dignidad de la persona: El Papa denunció que si “el ejercicio de la sexualidad se transforma en una droga que quiere someter al otro a los propios deseos e intereses, sin respetar los tiempos de la persona amada”, se afecta “la calidad del amor y el carácter sagrado de la vida”. Por eso, lo que está en juego al considerar los temas vinculados con la anticoncepción “no es sólo el verdadero concepto del amor, sino en primer lugar la dignidad de la persona misma”.

Participación en el acto creador de Dios Padre: Recordando el pasaje evangélico en que Jesús explica el matrimonio como unidad de vida en la Creación de Dios (Mt. 19, 4-6), el Papa recordó que “con la fecundidad del amor conyugal el hombre y la mujer participan en el acto creador del Padre y ponen de manifiesto que en el origen de su vida matrimonial hay un "sí" genuino que se pronuncia y se vive realmente en la reciprocidad, permaneciendo siempre abierto a la vida”.

Fundamento en la ley natural: El fundamento para el juicio ético sobre la anticoncepción también se encuentra en la “ley natural”, ya que es “la fuente en la que se ha de inspirar también la relación entre los esposos en su responsabilidad al engendrar nuevos hijos. La transmisión de la vida está inscrita en la naturaleza, y sus leyes siguen siendo norma no escrita a la que todos deben remitirse. Cualquier intento de apartar la mirada de este principio queda estéril y no produce fruto”.

Dimensión educativa: El Papa se refirió a la “urgencia formativa”, llamando a “que se preste una atención muy  particular sobre todo a los jóvenes, para que aprendan el auténtico sentido del amor y se preparen para él con una adecuada educación en lo que atañe a la sexualidad, sin dejarse engañar por mensajes efímeros que impiden llegar a la esencia de la verdad que está en juego”.

Proyección social de la encíclica: Finalmente, el Papa proyectó las implicancias sociales del tema, al señalar que “proporcionar ilusiones falsas en el ámbito del amor o engañar sobre las genuinas responsabilidades que se deben asumir con el ejercicio de la propia sexualidad no hace honor a una sociedad que declara atenerse a los principios de libertad y democracia. La libertad debe conjugarse con la verdad, y la responsabilidad con la fuerza de la entrega al otro, incluso cuando implica sacrificio; sin estos componentes no crece la comunidad de los hombres y siempre está al acecho el peligro de encerrarse en un círculo de egoísmo asfixiante”.


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