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GACETILLA NRO. 242

CULTURA DE LA VIDA: BENEDICTO XVI PROCLAMA EL EVANGELIO DE LA VIDA Y LA MISERICORDIA

Buenos Aires, 13/4/08 (SEVI).- En lo que constituye una renovada propuesta pastoral para toda la Iglesia, el pasado 5 de abril de 2008 el Santo Padre Benedicto XVI se refirió a temas fundamentales relativos a la vida y la familia a través de dos discursos marcados por la firmeza doctrinal y una enorme y misericordiosa solicitud pastoral.

Juicio ético sobre el aborto y el divorcio: En efecto, el Santo Padre, con ocasión de un Congreso Internacional organizado por el Instituto Pontificio Juan Pablo II para estudios sobre el matrimonio y la familia, se refirió al divorcio y al aborto. Reafirmando la conocida enseñanza de la Iglesia, señaló que “El juicio ético de la Iglesia con respecto al divorcio y al aborto provocado es claro y de todos conocido: se trata de culpas graves que, en diversas medidas y quedando a salvo la valoración de las responsabilidades subjetivas, menoscaban la dignidad de la persona humana, implican una profunda injusticia en las relaciones humanas y sociales, y también ofenden a Dios, garante del pacto conyugal y autor de la vida”.

Deber de acercarse a las personas concretas: Ahora bien, junto con este juicio ético, Benedicto XVI subrayó que “sin embargo, la Iglesia, a ejemplo de su divino Maestro, piensa siempre en las personas concretas, sobre todo en las más débiles e inocentes, que son víctimas de las injusticias y los pecados, y también en los demás hombres y mujeres que, habiendo cometido dichos actos, han incurrido en culpa y llevan sus heridas interiores, buscando la paz y la posibilidad de una recuperación. La Iglesia tiene el deber primario de acercarse a estas personas con amor y delicadeza, con solicitud y atención materna, para anunciarles la cercanía misericordiosa de Dios en Jesucristo”.

El Evangelio de la misericordia: En una frase que sintetiza su pensamiento, dice el Papa: “el evangelio del amor y de la vida es también siempre evangelio de la misericordia, que se dirige al hombre concreto y pecador —que somos nosotros— para levantarlo de cualquier caída, para curarlo de cualquier herida”. Por eso, “a partir de esta misericordia, la Iglesia cultiva una inquebrantable confianza en el hombre y en su capacidad de recuperarse. Sabe que, con la ayuda de la gracia, la libertad humana es capaz de la entrega definitiva y fiel que hace posible el matrimonio de un hombre y una mujer como pacto indisoluble; que la libertad humana, incluso en las circunstancias más difíciles, es capaz de gestos extraordinarios de sacrificio y de solidaridad para acoger la vida de un nuevo ser humano”.

La moral y el “sí” a la dignidad humana: Por eso, enseña el Papa, “se puede ver que los "no" que la Iglesia pronuncia en sus indicaciones morales y en los cuales a veces se concentra de modo unilateral la atención de la opinión pública, en realidad son grandes "sí" a la dignidad de la persona humana, a su vida y a su capacidad de amar. Son la expresión de la confianza constante de que, a pesar de sus debilidades, los seres humanos pueden corresponder a la altísima vocación para la cual han sido creados: la de amar”.

La situación de los ancianos: Por su parte, en un discurso a la Asamblea Plenaria del Pontificio Consejo para la Familia, el Santo Padre se refirió a la importancia de los abuelos. Luego de constatar los cambios en la vida de las familias, señaló que “los ancianos, entre los cuales figuran muchos abuelos, se han encontrado en una especie de «zona de aparcamiento»: algunos se sienten como una carga en la familia y prefieren vivir solos o en residencias para ancianos, con todas las consecuencias que se derivan de estas opciones”. También denunció el avance de la «cultura de la muerte», que “amenaza también la etapa de la tercera edad” con la eutanasia.

Los abuelos, presencia viva en la familia: ante estos desafíos, el Papa espera que “los abuelos vuelvan a ser una presencia viva en la familia, en la Iglesia y en la sociedad. Por lo que respecta a la familia, los abuelos deben seguir siendo testigos de unidad, de valores basados en la fidelidad a un único amor que suscita la fe y la alegría de vivir. Los así llamados «nuevos modelos de familia» y el relativismo generalizado han debilitado estos valores fundamentales del núcleo familiar”. Por eso, Benedicto considera que “los males de nuestra sociedad requieren remedios urgentes. Ante la crisis de la familia, ¿no se podría recomenzar precisamente de la presencia y del testimonio de los abuelos, que tienen una solidez mayor en valores y en proyectos?”

Estos dos importantes discursos nos muestran la aproximación integral del Papa a las cuestiones actuales de la vida y la familia. En efecto, Benedicto XVI, lejos de una enseñanza moralista, reafirma la inviolabilidad de la vida, tanto antes de nacer como en su etapa final, y la indisolubilidad del matrimonio y, al mismo tiempo, propone a la Iglesia transitar el camino del amor misericordioso que acompaña a las personas concretas y propone nuevos estilos de vida que tutelan la dignidad de la persona y su capacidad de amar y, por ello, son profundamente humanos.


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