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GACETILLA NRO. 241

ABORTO: DEBATES SOBRE LA PROTECCIÓN DE LOS BEBÉS PREMATUROS

 
Buenos Aires, 6/4/08 (SEVI).- La necesidad de salvar la vida y brindar atención de salud a los bebés prematuros, aún en casos de abortos provocados, es el eje de una creciente polémica en Europa y particularmente en Italia.
 
En febrero de este año, se realizó un Congreso sobre casos de bebés “prematuros extremos” y al término del mismo se difundió una Declaración de los directores de las clínicas de obstetricia de las universidades La Sapienza y Tor Vergata (públicas) y Campus Biomedico y Sacro Cuore (católicas) de Roma, en la que afirman que en el caso en el que un feto nazca vivo tras la interrupción de un embarazo debe ser reanimado aunque la madre sea contraria, ya que prevalece el interés del neonato. “Un neonato vital, en extrema prematuridad, tiene que ser tratado como cualquier persona en peligro y asistido adecuadamente” afirma el documento.
 
Al respecto, la ley italiana sobre aborto (194/78) dispone que:
“art. 6. La interrupción del embarazo, después de los primeros noventa días, puede ser practicada: a) cuando el embarazo o el parto comportan un grave peligro para la vida de la mujer; b) cuando se han verificado procesos patológicos, relativos a relevantes anomalías o malformaciones del por nacer, que determinan un grave peligro para la salud física o psíquica de la mujer.
art. 7. Cuando existe la posibilidad de vida autónoma del feto, la interrupción del embarazo puede ser practicada sólo en el caso del inc. a del artículo 6 y el médico que haga la intervención debe adoptar toda medida idónea para salvaguardar la vida del feto”.
 
Del juego de estos dos artículos se advierte que la capacidad de sobrevida del feto se convierte en un límite para el aborto y que, al mismo tiempo, la ley obliga a los médicos a salvar la vida del feto. Ahora bien, luego de la Declaración de las Universidades romanas, se ha abierto un debate sobre la interpretación de estas normas, pues en los hechos se tomaba la semana 24 como momento de la viabilidad y, ahora, se ha solicitado bajar tal límite a las 22 semanas.
 
Por su parte, en Gran Bretaña, el Departamento de Salud ha informado que durante 2005 435 niños nacieron antes de las 24 semanas de embarazo y de ellos, 52 sobrevivieron al menos un año.
 
Estos debates nos muestran, por un lado, el carácter violento e inhumano del aborto, que no significa más que un homicidio de la persona por nacer. También nos muestran cómo la vida se abre camino en medio de tantas amenazas y, gracias a la medicina que busca salvar, se despliegan nuevos y más poderosos medios para la sobrevida de los niños más indefensos.
 
Por otra parte, los que pretenden negar tales cuidados a los bebés prematuros, muestran la íntima conexión que existe entre aborto e infanticidio, como ya denunciaba el siervo de Dios Juan Pablo II en Evangelium Vitae: “Siguiendo esta misma lógica, se ha llegado a negar los cuidados ordinarios más elementales, y hasta la alimentación, a niños nacidos con graves deficiencias o enfermedades. Además, el panorama actual resulta aún más desconcertante debido a las propuestas, hechas en varios lugares, de legitimar, en la misma línea del derecho al aborto, incluso el infanticidio, retornando así a una época de barbarie que se creía superada para siempre” (EV 14).
 
Finalmente, estos debates nos muestran la arbitrariedad de los límites fijados por las leyes para establecer cuándo el aborto es “legal”, pues ya desde el primer momento de la concepción se ha formado un ser humano distinto a sus padres, que merece el tratamiento de persona pues su desarrollo es continuo, gradual, autónomo y coordinado y que, atne todo, tiene el derecho a la inviolabilidad de su vida.

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