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A LA VIDA CULTURA DE LA VIDA: LA FAMILIA Y LA VIDA EN LA V CONFERENCIA GENERAL DEL EPISCOPADO LATINOAMERICANO Buenos Aires, 6/5/07 (SEVI).- Con la presencia en la Apertura y Sesión inaugural del Santo Padre Benedicto XVI y en medio de una gran expectativa, comenzará la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano que se realiza en Aparecida, Brasil, del 13 al 31 de mayo de 2007. En continuidad con los Encuentros de Río (1955), Medellín (1968), Puebla (1979) y Santo Domingo (1992), el Episcopado de América Latina se congrega para reflexionar sobre la identidad y la misión de la Iglesia en estas tierras, bajo el lema: “Discípulos y misioneros de Jesucristo, para que nuestros pueblos en Él tengan vida”. La familia y la vida no están ausentes de esta importante Conferencia eclesial. Se presentan como desafíos particularmente urgentes y así lo reconoce el documento de síntesis que se ha publicado recientemente con los aportes de las Conferencias Episcopales participantes. A continuación presentamos algunas urgencias que señala este documento: Exclusión de la mujer: En el primer capítulo del documento, que propone una mirada creyente sobre América Latina, entre los rostros que “sufren” se denuncia que “innumerables mujeres de toda condición han sufrido una doble exclusión en razón de su situación socioeconómica y de su sexo. No son valoradas en su dignidad, quedan con frecuencia solas y abandonadas, no se les reconoce suficientemente su abnegado sacrificio e incluso heroica generosidad en el cuidado y educación de los hijos ni en la transmisión de la fe en la familia, no se valora ni promueve adecuadamente su indispensable y peculiar participación en la construcción de una vida social más humana y de una edificación de la Iglesia en la compenetración de sus dimensiones petrinas y marianas. A la vez, su urgente dignificación y participación pretende ser distorsionada por corrientes de un feminismo ideológico, marcado por la impronta cultural de las sociedades del consumo y el espectáculo, que es capaz de someter a las mujeres a nuevas esclavitudes” (n. 51). Crisis de la familia: En el primer capítulo también se denuncia una crisis de la familia y para comprender sus causas se enumeran “presupuestos que debilitan y menoscaban la vida familiar” y entre los que se encuentran “varias corrientes ideológicas: la neoliberal que exalta la libertad total del individuo y que se expresa en un relativismo subjetivista en el que cada uno puede escoger sus verdades y sus valores, y en la exaltación de la fuerza: si yo soy el más fuerte, puedo disponer de la vida ajena; la ideología del género, según la cual cada uno puede escoger su “orientación sexual” y las respectivas prácticas, no teniendo relevancia las diferencias fisiológicas; la ideología ecologista que presenta al hombre como el mayor depredador y por eso, el hombre debe someterse a la Madre Tierra, y el número de individuos admitidos a la existencia debe ser contenido en límites definidos por los tecnócratas; el humanismo agnóstico, que reduce voluntariamente el área de competencia de la razón, limitando el ejercicio de la misma a la esfera de los fenómenos, y descalificando a priori toda indagación relativa al sentido de la vida y de la muerte, o al sentido del misterio. Este humanismo, cuya forma paroxística es el nihilismo, lleva a la ocultación de la señoría ministerial en virtud de la cual el hombre es llamado a participar, por la procreación, a la acción creadora de Dios” (66). Modificaciones legales: El documento no ignora las intensas campañas que se verifican en toda América Latina para influir en la legislación sobre la familia: “Muchas de las modificaciones legales que se han introducido en numerosos países de América Latina en los últimos años hieren gravemente la dignidad del matrimonio, de la familia y de la vida humana. Estas modificaciones no son casuales, no ocurren simplemente. Muchas veces son promovidas como elementos necesarios de agendas “progresistas”, con frecuencia impulsadas por determinadas ONG o por organismos de las Naciones Unidas. Persiguen la emancipación de las costumbres, las normas éticas y las leyes de su matriz cristiana. Con frecuencia responden a los intereses y estrategias de personas e instituciones con gran poder y presencia internacional, que abiertamente buscan provocar un cambio en el ethos cultural y religioso latinoamericano” (67). La dignidad del niño por nacer: En el capítulo segundo, cuando se desarrolla la reflexión sobre Jesucristo, quien invita a vivir una vida digna y feliz, se llama la atención sobre el misterio de la vida por nacer: “Sólo el Señor es el autor y el dueño de la vida, y el ser humano, su imagen viviente, es siempre sagrado, desde su concepción hasta su muerte natural. Asistimos hoy a retos nuevos en el campo de la bioética que nos piden ser voz de los que no tienen voz, donde no podemos excluir a los niños por nacer y ni a nuestros ancianos al final de sus días. La vida que está creciendo en el seno materno y la que se encuentra en el ocaso, es un reclamo de vida digna que grita al cielo y que no puede dejar de estremecernos. No hay vida humana tan indefensa como la del niño por nacer. La liberalización y canalización de las prácticas abortivas son crímenes abominables (121). Pastoral familiar: en el tercer capítulo, se enfatiza la importancia de la pastoral familiar. “La familia es el valor más querido por nuestros pueblos. Sobre todo de la familia dependen la cultura, la superación de la pobreza y la transmisión de la fe. El Reino de la vida, el amor y la paz tiene su cuna en el seno de la familia, en la bondad, la fe y la sabiduría de los padres de familia, en el respeto a la mujer, en la consagración de ambos al bien de todos, y en la solidaridad de la comunicación de bienes materiales y espirituales. Pero tenemos que constatar con dolor la grave crisis en que viven incontables familias en la sociedad. Se requiere una Pastoral Familiar que apuntale acciones que proclamen el Evangelio de la Familia y promuevan la cultura de la vida contra todo relativismo, confusión de modelos, desconciertos e ideologías que desconocen la centralidad de la persona humana y su dignidad, así como el valor de la familia, basada en el matrimonio para toda la vida entre un hombre y una mujer” (261). La vida como cuestión social: En el n. 344, hablando de los desafíos de orden social que enfrenta la evangelización se puntualiza: “Los anhelos de vida, de paz, de fraternidad y de felicidad, que no encuentran respuesta en medio de los ídolos del lucro y la eficacia, la falta de libertad religiosa, la insensibilidad ante el sufrimiento ajeno, la corrupción de las clases dirigentes, los ataques a la vida intrauterina, y todas las modalidades de violencia, indican la importancia de la lucha por la vida y por la dignidad y la integridad de la persona humana. Asimismo se impone el acceso de todos a una educación de calidad, a la vivienda, al trabajo y a la salud. Por ello es necesario que los cristianos colaboren en la promoción y defensa no sólo de los derechos individuales, sino también en el amplio territorio de los derechos económicos, sociales y culturales”. Tenemos aquí algunos de los desafíos que presenta la vida social a la Iglesia que peregrina en América Latina. Nos unimos a la oración por los frutos de esta V Conferencia General, para que la Iglesia, siempre fiel a su misión, pueda seguir sirviendo al hombre y a los pueblos latinoamericanos, proponiendo la Verdad sobre Jesucristo, que ha venido a traer vida y vida en abundancia. |
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