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a la Vida Persona por Nacer: Declaración de la Academia por la Vida sobre el comienzo de la existencia de la persona Buenos Aires, 30/4/06 (SEVI).- «El embrión humano en la fase de la preimplantación. Aspectos científicos y consideraciones bioéticas» fue el tema de la XII Asamblea Plenaria de la Academia Pontificia para la Vida realizada en el mes de marzo de 2006, a cuyo término se emitió una importante declaración sobre el comienzo de la existencia del ser humano. La Academia se planteó la pregunta “quién o qué es el embrión humano”. Comienza luego a estudiar el tema siguiendo “una correcta metodología bioética” y tomando “los logros más recientes de la embriología”, para “establecer algunos puntos esenciales reconocidos universalmente”. Estos puntos son: “El momento que marca el inicio de la existencia de un nuevo «ser humano» está constituido por la penetración del espermatozoide en el oocito. La fecundación impulsa toda una serie de acontecimientos articulados y transforma la célula huevo en «cigoto»” “El proceso está «orientado» -en el tiempo- en la dirección de una progresiva diferenciación y adquisición de complejidad y no puede retroceder a fases ya recorridas” Este proceso de caracteriza por la «autonomía» del nuevo ser, la «continuidad», la «gradualidad» (el paso, necesario en el tiempo, de una fase menos diferenciada a la más diferenciada) y la «coordinación» del desarrollo (existencia de mecanismos que regulan en un conjunto unitario el proceso de desarrollo). En consecuencia, debe considerarse al “cigoto ya como un «organismo» primordial (organismo monocelular) que expresa coherentemente sus potencialidades de desarrollo a través de una continua integración primero entre los diversos componentes internos y luego entre las células a las que da lugar progresivamente”. Luego, la declaración se centra en la “interpretación filosófico-antropológica” para “afrontar la cuestión fundamental del status moral del embrión”. Para ello, “es preciso tomar en cuenta criterios «intrínsecos» al embrión mismo”, concluyendo que “el embrión humano en la fase de la preimplantación es: a) un ser de la especie humana; b) un ser individual; c) un ser que posee en sí la finalidad de desarrollarse en cuanto persona humana y a la vez la capacidad intrínseca de realizar ese desarrollo”. Sentadas estas conclusiones, sobre la cuestión del carácter de “persona” del embrión, la Declaración afirma que “a partir de los datos biológicos de los que se dispone, consideramos que no existe ninguna razón significativa que lleve a negar que el embrión es persona ya en esta fase”. Para sustentar esta afirmación indica que “la teoría de la animación inmediata, aplicada a todo ser humano que viene a la existencia, resulta plenamente coherente con su realidad biológica”. Finalmente, agrega que “el simple hecho de estar en presencia de un ser humano (y sería suficiente incluso la duda de encontrarse en su presencia) exige en relación con él el pleno respeto de su integridad y dignidad: todo comportamiento que de algún modo pueda constituir una amenaza o una ofensa a sus derechos fundamentales, el primero de los cuales es el derecho a la vida, ha de considerarse gravemente inmoral”. Culmina la Declaración citando a Benedicto XVI en el Discurso que dirigiera a la Academia con motivo de esta XII Asamblea Plenaria y en la que el Santo Padre enfatizó que “el amor de Dios no hace diferencia entre el recién concebido, aún en el seno de su madre, y el niño o el joven o el hombre maduro o el anciano. No hace diferencia, porque en cada uno de ellos ve la huella de su imagen y semejanza”. |
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