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PERSPECTIVA DE GÉNERO
Raíces y Propuestas

I.- Introducción: el concepto de "género"

Prácticamente todos hemos escuchado nombrar alguna vez el término "género". En entrevistas a personalidades conocidas, en proyectos de ley que se presentan, en leyes nuevas que son aprobadas, en intentos de reformar los contenidos educativos… La palabra "género" o "perspectiva de género" es un lugar común al que ya nos vamos acostumbrando.

Pero, como muchas de las elaboraciones humanas, no todos saben bien a qué nos estamos refiriendo exactamente cuando hablamos de "género". Y así, muchos piensan que es otra manera de referirse a la división de los seres humanos en varones o mujeres, pasando a ser un sinónimo de sexo, masculino y femenino.

Antes que nada, quisiera aclarar que el término "género" no es sinónimo de sexo, al menos en la manera en que está siendo actualmente utilizado.

Al hablar de sexo masculino o femenino, nos referimos a una realidad biológica que separa a las personas en hombres y mujeres. La palabra "género", justamente, fue elaborada para destruir la creencia de que hay una diferenciación biológica que separa a las personas. Y, entonces, ya no existen más dos sexos (diferenciados biológicamente), sino "géneros". El "género" es una categoría superadora del sexo, que no responde a una diferenciación biológica, sino a una "construcción" cultural. Con esto queremos decir que los géneros son determinados por la cultura en la que cada uno viva.

Con el término "género" se hace referencia a "las relaciones entre mujeres y hombres basadas en roles definidos socialmente que se asignan a uno u otro sexo" . De esta manera se quiere afirmar que "las diferencias entre el varón y la mujer (...) no corresponden a una naturaleza fija que haga a unos seres humanos varones y a otros mujeres", sino que "son el producto de la cultura de un país y de una época determinados" .

El gran problema de esta teoría, consiste en que descarta la idea de lo natural, de la naturaleza del hombre, y la reemplaza por un hombre arrojado a los vaivenes y veleidades de una cultura que no tiene ninguna relación con la naturaleza, es más, que destruye hasta la idea misma de que existe una naturaleza humana.

Y, lógicamente, si no existe una naturaleza que deba ser respetada por la elaboración cultural, entonces la cultura no tiene ningún tipo de límites, y está librada a sí misma.

El concepto de "género" asume esta libertad cultural absoluta y afirma que "las relaciones entre hombres y mujeres están basadas en roles definidos socialmente que se asignan a uno u otro sexo" . Estos "roles definidos socialmente" son los "géneros".

"Género" es así, un rol definido socialmente. Aparecen entonces, tantos "géneros" como roles definidos socialmente existen. El viejo concepto de "sexo" queda enmohecido y guardado en un rincón, cediendo paso al innovador y moderno concepto de "género".

Y, como es un concepto radicalmente innovador, se lo intenta incorporar a la totalidad de la cosmovisión social, incorporación que se da a través de la "perspectiva de género".

La "perspectiva de género" consiste en una manera especial de ver el mundo, no ya con las viejas categorías de "femenino" y "masculino", sino a través del prisma de unos roles que van cambiando con la cultura, y que hoy incluyen además de la masculinidad y la feminidad, a la homosexualidad, el lesbianismo, el travestismo, el transexualismo. Las relaciones entre hombres y mujeres pasan ahora por esta manera de concebir la realidad: la "perspectiva de género".

Aplicar este concepto a la sociedad y la cultura es radicalmente revolucionario. Todas las viejas categorías educativas, laborales, familiares, jurídicas, caen estrepitosamente ante este caballo de Troya que encierra consecuencias incalculables.

Si alguien se toma el trabajo de leer, por ejemplo, los proyectos de reforma de leyes que se presentan en el Congreso Nacional, podrá comprobar que una gran cantidad incorporan, de un modo u otro, esta perspectiva a distintas realidades.

En las próximas exposiciones vamos a hablar más a fondo sobre este fenómeno, así como de las consecuencias que esta perspectiva acarrea a la persona.


II.- Perspectiva de género y feminismo

A partir del comienzo de los reclamos de derechos que protagonizaran las mujeres desde la Revolución Francesa, los movimientos feministas han evolucionado hasta engendrar hoy el llamado "feminismo de género".

Luego de este primer momento, en el que las corrientes feministas intentan reclamar la igualdad de derechos con el hombre, surge el llamado "feminismo de la igualdad" o "feminismo de la equidad", que se centra en la pretensión de eliminar toda forma de discriminación y hasta de distinción entre los sexos.

En la década de los años '80, "se produce un viraje en la propuesta feminista: ir más allá de la anterior lucha por la igualdad entre los sexos, recuperando el derecho a ser diferentes en cuanto mujeres", exaltando "los poderes del ser mujer, entendiendo hasta la maternidad como un derecho individual, lo cual llevaba la implícita afirmación de una virtual autosuficiencia de la mujer" . Este feminismo se llamó "feminismo de la diferencia".

El feminismo de género: a diferencia de los otros movimientos feministas, el feminismo del 'género' es una ideología que pretende abarcarlo todo. El feminismo de género adopta la idea de que el individuo es "constituido por la cultura y el lenguaje de su sociedad, siendo llevado a experimentarse a sí mismo y al mundo circundante según la estructura cultural a la que pertenece. (…). Lo ventajoso de esta perspectiva es que, tratándose de una construcción cultural, puede ser deconstruida y reconstruida según otros parámetros más adecuados a nuevas exigencias que la sociedad actual plantea: la mejora de la situación de la mujer, la eliminación de la fobia a la homosexualidad y el control de la fertilidad. En efecto, una nueva lectura de los individuos humanos no ya en clave binaria de dos sexos contrapuestos, sino en la de infinitos intersexos contiguos haría de la sexualidad una cuestión privada, de preferencias y gustos individuales no cuestionables" .

Este feminismo radical adopta la siguiente terminología para expresar su pensamiento :
· Hegemonía o hegemónico: Ideas o conceptos aceptados universalmente como naturales, pero que en realidad son construcciones sociales.
· Desconstrucción: La tarea de denunciar las ideas y el lenguaje hegemónico (es decir aceptados universalmente como naturales), con el fin de persuadir a la gente para creer que sus percepciones de la realidad son construcciones sociales.
· Patriarcado, Patriarcal: Institucionalización del control masculino sobre la mujer, los hijos y la sociedad, que perpetúa la posición subordinada de la mujer.
· Perversidad polimorfa, sexualmente polimorfo: Los hombres y las mujeres no sienten atracción por personas del sexo opuesto por naturaleza, sino más bien por un condicionamiento de la sociedad. Así, el deseo sexual puede dirigirse a cualquiera.
· Heterosexualidad obligatoria: Se fuerza a las personas a pensar que el mundo está dividido en dos sexos que se atraen sexualmente uno al otro.
· Preferencia u orientación sexual: Existen diversas formas de sexualidad -incluyendo homosexuales, lesbianas, bisexuales, transexuales y trasvestis- como equivalentes a la heterosexualidad.
· Homofobia: Temor a relaciones con personas del mismo sexo; personas prejuiciadas en contra de los homosexuales.


III.- Raíces filosóficas y culturales de esta perspectiva:

Hablemos, entonces, de las raíces de la así llamada "perspectiva de género".

Tres marcos son fundamentales a la hora de buscar las raíces inmediatas de la perspectiva de género: el marco de la dialéctica y las dicotomías irreconciliables, el de la revolución cultural y el de la globalización actual.


El método dialéctico y las dicotomías contrarias

Todos sabemos que a partir del s. XIX y debido a la influencia de la filosofía hegeliana, la realidad social comienza a ser analizada con la metodología dialéctica, esto es, la teoría de que la historia y la sociedad avanzan por la superación de los contrarios. A una tesis se le opone una antítesis y el resultado de esto es una síntesis que conlleva la desaparición de la tesis y el triunfo de la antítesis. A su vez esta síntesis se transforma en tesis y el proceso recomienza sucesivamente.

Como todos también sabemos, éste es el método elegido por Marx para realizar su análisis de la historia. Para Marx, los elementos de la dialéctica estaban dados por las clases sociales.

En la actual perspectiva de género, los elementos están dados por varios pares dicotómicos, a saber: la relación hombre-mujer, la relación naturaleza-cultura, la relación sexo-género.

Sostenemos aquí que el método dialéctico prepara el terreno y la mente de los hombres para concebir toda la realidad en términos de antagonismo y superación. Ésa es la principal contribución de la dialéctica a concepciones como la perspectiva de género, como lo fue también con respecto a la lucha de clases.

En el caso del hombre y la mujer, la relación aparece traumatizada, de manera tal que es imposible pensar en una coexistencia armónica, colaborativa, en comunión. La solución tiene que ser necesariamente el enfrentamiento. Jamás la perspectiva de género va a considerar la posibilidad de armonizar las relaciones, todo lo contrario: intenta acentuar aún más la división y el rencor entre ambos, de modo de acelerar el cambio y la revolución. Ése es el principal valor: la revolución.

Otros conceptos opuestos aquí son, claramente, el de naturaleza y cultura. Evidentemente la cultura se constituye en un elemento superador de la mera naturaleza. Tan superador que ya no guarda ninguna relación con ella, es más, se lo opone. La naturaleza biológica, que diferencia a los hombres en dos sexos, es dejada de lado para ser reemplazada por construcciones culturales que lo abren a muchas opciones.

Los conceptos de género y sexo también son los extremos de una relación contrapuesta. Mientras que el sexo es una clara realidad biológica, el género lo supera para establecer sus categorías culturales indeterminadas. El concepto de género no se identifica con el más tradicional que divide a los seres humanos en dos sexos (masculino y femenino), sino que va más allá, permitiendo sostener la existencia de cinco sexos: ya no debería hablarse de hombre y mujer, sino de mujeres heterosexuales, mujeres homosexuales, hombres heterosexuales, hombres homosexuales y bisexuales. Con respecto a la reproducción biológica de la especie humana, se considera que es determinada socialmente, es decir que, en otras sociedades más creativas, podría asegurarse con otras técnicas.

El marco de la revolución cultural

¿Por qué este cambio tan radical frente a toda una tradición cultural? ¿Cómo fue esto posible? Varios factores venían preparando, el nivel de las ideas, ese cambio. Vamos a reseñar solamente algunos.

El desprestigio de la tradición: afirma el sociólogo Daniel Bell que "en los últimos 50 años, aproximadamente (…) la sociedad ha hecho más que aceptar pasivamente las innovaciones: ha proporcionado un mercado que enorgullece ávidamente lo nuevo, porque lo cree superior en valor a todas las viejas formas. (…).Hoy, cada nueva generación, partiendo de los mojones alcanzados por la cultura antagónica de sus padres culturales, declara arrolladoramente que el status quo representa el conservadurismo atrasado o la represión, y prepara nuevos ataques a la estructura social de amplitud cada vez mayor".

He aquí una interpretación genérica bastante acertada que explica de manera satisfactoria este cambio radical en la manera de concebir la relación entre hombre y mujer. Asistimos a una cultura que supone lo nuevo como mejor que lo viejo y que encuentra su mayor logro en la superación indiscriminada de pautas culturales, éticas y sociales.

La decadencia de la razón: otro factor importante, sigue diciendo Daniel Bell, es que "en la conciencia occidental ha habido siempre una tensión entre lo racional y lo no racional, entre la razón y la voluntad, entre la razón y el instinto, como fuerzas impulsoras del hombre. Cualesquiera que fuesen las distinciones específicas, el juicio racional fue concebido tradicionalmente como superior en la jerarquía, y este orden dominó la cultura occidental durante casi dos milenios. El modernismo invierte esta jerarquía. Es el triunfo de la fogosidad, de la voluntad".

Otra raíz, entonces, de este cambio cultural, lo constituye el desprestigio de la razón y el apogeo de la voluntad que, liberada de la razón, va transformándose progresivamente en libérrima e instintiva.

La rebelión contra el orden social: "cualquiera que fuese la tendencia política (…) el movimiento modernista ha estado unido por la ira contra el orden social" existente. Muy relacionado con el desprestigio de la tradición, a nivel filosófico y cultural comprobamos la constante que reacciona contra el orden social establecido, por parte de pequeños grupos que fomentan ideas y tendencias radicalmente opuestas.

El marco de la globalización

Afirma Thomas L. Friedman que "(...) la globalización tiene su propia cultura dominante, razón por la cual tiende a ser homogeneizante (...)".

En este marco, entonces, un cambio cultural de esta magnitud tenderá a ser promocionado y también impuesto a nivel universal. Y eso es lo que está ocurriendo con la perspectiva de género.

A modo de ejemplo, examinemos el fenómeno de las conferencias internacionales. Comprobamos que la perspectiva de género comienza a imponerse a partir de reuniones internacionales convocadas a tal fin, con representantes de diversos países.

La más representativa de todas ha sido hasta ahora la IV Conferencia Mundial de las Naciones Unidas sobre la Mujer, realizada en septiembre de 1995 en Pekín. En esta ocasión, el feminismo de género sostuvo la necesidad de trasladar el centro de la atención de la mujer al concepto de género, reconociendo que toda la estructura de la sociedad, y todas las relaciones entre los hombres y las mujeres en el interior de esa estructura, tenían que ser reevaluadas. Únicamente mediante esa reestructuración fundamental de la sociedad y sus instituciones sería posible potenciar plenamente el papel de la mujer para que ocupara el lugar que les correspondía como participante en pie de igualdad con el hombre en todos los aspectos de la vida.

Este traslado del centro de atención de la mujer al género, se plasma en medidas como la exigencia de apoyo económico oficial para el cuidado de niños y los derechos reproductivos; el reclamo de la "libertad sexual", que incluye el derecho a la preferencia sexual (derechos homosexuales-lesbianos) y el control feminista de la producción ideológica y cultural.

A nivel regional tenemos que mencionar las Conferencias Regionales sobre la Integración de la Mujer en el Desarrollo Económico y Social de América Latina y el Caribe .


IV.- Alcances: la transversalización de la perspectiva de género

El género se refiere, entonces, a los roles y responsabilidades de la mujer y del hombre que son determinados socialmente. Esto quiere decir que la forma en que se nos percibe y se espera que pensemos y actuemos está condicionada por la forma en que la sociedad está organizada, no por nuestras diferencias biológicas.

Se afirma que toda relación o actividad de los seres humanos es resultado de una 'construcción social' que otorga al hombre una posición superior en la sociedad y a la mujer una inferior. El progreso de la mujer requeriría que se libere a toda la sociedad de esta 'construcción social', de modo que el hombre y la mujer sean iguales.

Estos roles 'socialmente construidos' que habría que 'desconstruir', están ubicados en tres grandes niveles:
· La masculinidad y la feminidad: se considera que en realidad el ser humano nace sexualmente neutral y que luego es socializado en hombre o mujer. Esta socialización afecta negativamente a la mujer.
· Las relaciones familiares de paternidad, filiación, matrimonio: engendran diferencias de conducta y responsabilidades entre el hombre y la mujer que son inadmisibles en una perspectiva de género ya que son la principal razón de que esta concepción 'sexista' se propague.
· Las ocupaciones y las profesiones: la sociedad asigna a hombres y mujeres ocupaciones diferenciadas. Se trata de 'roles socialmente construidos' que también es necesario 'desconstruir'.

Con respecto a la desconstrucción de estos roles socialmente construidos, la Convención Interamericana de Belem do Pará (1993) obliga a los Estados partes a 'adoptar, en forma progresiva, medidas específicas, inclusive programas para (...) modificar los patrones socioculturales de conducta de hombres y mujeres, incluyendo el diseño de programas de educación formales y no formales apropiados a todo nivel del proceso educativo, para contrarrestar prejuicios y costumbres y todo otro tipo de prácticas que se basen en la premisa de la inferioridad o superioridad de cualquiera de los géneros o en los papeles estereotipados para el hombre y la mujer que legitimizan o exacerban la violencia contra la mujer'.

Esto nos lleva al alcance más importante de la perspectiva de género: su transversalidad, esto es, la intención de integrar las cuestiones de género en la totalidad de los programas sociales.

Según el Consejo Económico y Social de las Naciones Unidas (ECOSOC), la tranversalización de la perspectiva de género significa "el proceso de valorar las implicaciones que tiene para los hombres y para las mujeres cualquier acción que se planifique, ya se trate de legislación, políticas o programas, en todas las áreas y en todos los niveles. Es una estrategia para conseguir que las preocupaciones y experiencias de las mujeres, al igual que las de los hombres, sean parte integrante en la elaboración, puesta en marcha, control y evaluación de las políticas y de los programas en todas las esferas políticas, económicas y sociales, de manera que las mujeres y los hombres puedan beneficiarse de ellos igualmente y no se perpetúe la desigualdad. El objetivo final de la integración es conseguir la igualdad de los géneros" .

Así, esta transversalidad se plasma en una serie de realidades, muchas de las cuales se expresan en la legislación de los países, tema que vamos a ver a continuación.


Conclusión

No me queda más que recordar algunas palabras del reciente documento de la Iglesia sobre la colaboración del hombre y la mujer en la Iglesia y el mundo: "hay que hacer notar la importancia y el sentido de la diferencia de los sexos como realidad inscrita profundamente en el hombre y la mujer. La sexualidad caracteriza al hombre y a la mujer no sólo en el plano físico, sino también en el psicológico y espiritual con su impronta consiguiente en todas sus manifestaciones. Ésta no puede ser reducida a un puro e insignificante dato biológico, sino que es un elemento básico de la personalidad; un modo propio de ser, de manifestarse, de comunicarse con los otros, de sentir, expresar y vivir el amor humano". "La criatura humana, en su unidad de alma y cuerpo, está, desde el principio, cualificada por la relación con el otro. Esta relación se presenta siempre a la vez como buena y alterada. Es buena por su bondad originaria, declarada por Dios desde el primer momento de la creación; es también alterada por la desarmonía entre Dios y la humanidad, surgida con el pecado. Tal alteración no corresponde, sin embargo, ni al proyecto inicial de Dios sobre el hombre y la mujer, ni a la verdad sobre la relación de los sexos. De esto se deduce, por lo tanto, que esta relación, buena pero herida, necesita ser sanada. ¿Cuáles pueden ser las vías para esta curación? Considerar y analizar los problemas inherentes a la relación de los sexos sólo a partir de una situación marcada por el pecado llevaría necesariamente a recaer en los errores anteriormente mencionados. Hace falta romper, pues, esta lógica del pecado y buscar una salida, que permita eliminarla del corazón del hombre pecador". "Por lo tanto la promoción de las mujeres dentro de la sociedad tiene que ser comprendida y buscada como una humanización, realizada gracias a los valores redescubiertos por las mujeres. Toda perspectiva que pretenda proponerse como lucha de sexos sólo puede ser una ilusión y un peligro, destinados a acabar en situaciones de segregación y competición entre hombres y mujeres, y a promover un solipsismo, que se nutre de una concepción falsa de la libertad" .

Inés Franck


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